viernes, 24 de diciembre de 2010

Nueve

Odio a los cabros chicos malcriados que conmueven a sus padres con gritos que no son llanto, porque no hay lágrimas ni dolor que los legitime. Es sólo gritar hasta ponerse colorado y pedir y pedir y pedir. Y exigir, incluso.
Yo no habría alcanzado a gritar más de dos veces.
Por tanto, y por carambola, odio a sus padres que les hacen caso.
Eso. Feliz navidá.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Ocho

Respondo al clamor popular.
Odio a los flaites. De todo corazón.
Mi problema grave es que vivo rodeado de ellos, salgo a la calle y están allí, siempre con su sonrisa burlesca, siempre riéndose de alguien, siempre aparentando más por fuera que por dentro, sus ínfulas de grandeza, sus ganas de figurar, de llamar la atención cual bebé con sus llantos, ellos con sus gritos, escupos, celulares a todo volumen, apodos, mala leche para todo, ropa de marca sucia y mal puesta, todo de marca, para aparentar. Sí sabemos que no, no puedes mentirnos, eres flaite. No pobre, porque el pobre es decente, tiene conciencia de su condición y figura por su esfuerzo. No, tú eres un vago, que le gusta que o le regalen las cosas, o las saca por sí mismo de donde sea. Y llenas el mundo de tí, y de tu mal ejemplo y luego vives quejándote.
Te odio.