domingo, 21 de noviembre de 2010
Cinco
Odio a los amigos de los choferes de las micros. Esos que aparecen en un paradero equis, normalmente cuando está a punto de llenarse la micro hasta el tope, como si sintieran una irresistible necesidad de molestar justo a esa hora. Suben barsamente, tal como a uno jamás se le ocurriría e inmediatamente derrochan "simpatía" hacia el chofer, lo que ya los hace ser repulsivos. Se las dan de copilotos, "ayudando" al sujeto del manubrio. Pero lo peor, es que en su calidad de improvisado ayudante, tiran indirectas terribles al pobre idiota escolar o universitario que paga (bien) con su pase escolar. Ya, uno no los pescaría. Pero a esa hora, a esa hora, cuando uno está asqueado del día, con una mochila enorme y con la cabeza en otros veinte lugares, cada uno más depresivo que el otro, con hambre, sueño y lata, que un imbécil aprovechador se las dé de gracioso con uno, dan ganas de darles un puñete.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario