No sólo a Gates y su Microsoft. A todos. Odio su empeño en que compremos sus programas, que paguemos nosé dólares para usarlos y que hagan tan difícil piratearlos, que la clave, que no entra, que se anula, que blablabla. Odio su egoísmo y sus ganas irresistibles de lucrar, sea como sea. Y en este momento, hoy, Odio Microsoft Office.
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